Años de tradición, agua ardiente, con buenos grados, buena reputación, sabor intenso, color blanco, variada carta de cata.

A estas palabras podríamos añadir otras más, a modo de «pistas» para los que no hayan «caído» todavía en el tema de este pequeño artículo. Palabras como alquitara, hollejos, destilar.

El lector ya sabe a qué nos referimos. Sabe que estamos escribiendo sobre el aguardiente lebaniego, llamado orujo porque se elabora partiendo de los hollejos, raspones y pepitas resultantes de las uvas después de haber sido pisadas para extraerlas el mosto, que son los orujos.

Y, nuestros lectores también saben, que el aguardiente es alcohol diluido en agua y que destilar es separar por medio del calor una sustancia volátil de otras más fijas, enfriando luego su vapor para reducirlo nuevamente a líquido. Y, quizás no saben, que, en Liébana, se han cultivado vides desde la Alta Edad Media.

El orujo es el resultado de todo ese proceso que se inicia con la vendimia de la uva. Antes se empleaba la abundante uva de la zona, después, se recurrió a la uva castellana. Ahora, el renacimiento de la viticultura local hace que se use cada vez más la uva nativa. Además, hace unos días, se dio la norma para la inclusión del orujo en la denominación «CC Calidad Controlada».

Un grupo de amantes de la elaboración tradicional del orujo celebraron en 1984 la I FIESTA DEL ORUJO que consiste en la destilación pública, y posterior degustación, del orujo. Fiesta que se acompaña de actuaciones musicales y lúdicas. Cada año se nombra un «orujero mayor». 33 personas que destacan en alguna faceta pública, suman ya esta lista. También se otorga el prestigioso premio «Alquitara de Oro» al mejor orujo elaborado.

Una ley de 1986 estableció un reglamento muy restrictivo que estuvo a punto de acabar con el orujo lebaniego. Se prohibió la elaboración casera y las alquitaras móviles, que fueron precintadas. Había 400 elaboradores artesanos en la comarca que obtenían unos 60.000 l. de orujo anual de manera tradicional. Desde entonces, sólo pudieron elaborarlo los orujeros inscritos como fabricantes. Consiguientemente, la fiesta del orujo estuvo prohibida hasta 1994 en que, la Agencia Tributaria, concedió una prerrogativa especial a esta fiesta que en 2002 fue reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional por el Gobierno de Cantabria dada su fama y prestigio nacional. Para esta fiesta, se trasladan a Potes inspectores de hacienda que desprecintan las alquitaras que participan y , que vuelven a precintar una vez finalizadas las fiestas.